miércoles, 19 de septiembre de 2007

La “social bacanería”

El Universal, Diario de Cartagena de indias-Colombia.
Editorial, miércoles, 12 de septiembre de 2007

Álvaro Uribe levantó un tierrero cuando dijo en un discurso la semana pasada que el país no debería elegir en 2010 a un presidente que representara a la “social bacanería”, sino uno con mano dura. Aludió dos veces en el mismo día a su ministro de Agricultura, Andrés Felipe Arias (“Uribito), dando a entender que encajaba en el perfil que debería tener su sucesor.
Lo dicho no pasó desapercibido entre los seguidores de Uribe, donde hay varios aspirantes a la Presidencia para 2010: Martha Lucía Ramírez, Sabas Pretelt de La Vega, Carlos Holguín Sardi y Germán Vargas Lleras, entre otros. Algunos hicieron comentarios quitándole peso a la hipótesis de la sucesión de Arias, pero no dudamos de que todos tomaran en serio la intención de dejar la “maizocracia” atrincherada en el Palacio de Nariño.
Al principio se pensó que la social bacanería era una referencia directa a la izquierda colombiana representada por el Polo Democrático Alternativo (PDA), pero el Gobierno aclaró rápidamente que se refería a los señoritos bogotanos del circuito de cocteles y fiestas. Aunque el Presidente no lo dijo directamente, su comentario parecía un tiro directo contra cierto ex presidente, caricaturizado dentro del gobierno de Uribe y en buena parte del país como la quintaesencia de la liviandad.
El temperamento de Uribe es opuesto al talante de la social bacanería como él la describe y que le causa repulsión a su alma montañera sujeta a la ética del trabajo de Mon y Velarde, el oidor mítico de la Colonia que castigó el ocio en Antioquia con postulados quizá más severos que los del propio calvinismo.
En los comentarios del Presidente hay un repudio repetitivo a los chicos “light” de la capital, cuya vanidad y apego a la moda podrían ser poco viriles en los laberintos del Uribe montaraz que aflora de cuando en cuando, quien ha dicho con orgullo que nunca ha usado blue jeans, el atuendo gringo típico e informal que se universalizó junto con la goma de mascar y el rock and roll.
La bacanería también tiene una vertiente fuerte en la Costa Caribe. La expresión se regó por América Latina gracias al lunfardo de los tangos, según Hugo Rafael González Montalvo, quien dice en el blog Opinión Caribe que en este litoral “la palabra se relacionó con la celebración de la vida, la música, el baile, las fiestas populares. Y ahora (...) se expande alegre por el espacio cibernético con un sentido de goce íntimo, un sentido biológico planetario de amistad, cooperación y solidaridad social”.
Ojalá que este tipo de bacanería caribe y social no sea también objeto de algún repudio desde el Palacio de Nariño, donde coinciden los dados cargados del poder con los “compromisos del alma”, como llama el Presidente a sus aspiraciones regionales legítimas para una Antioquia con puerto en el Caribe.
Además de ir a toda marcha en contra de los intereses también legítimos de las ciudades portuarias de la Costa Caribe no antioqueña, en el Palacio de Nariño parecen tener la intención de convertir las elecciones presidenciales de 2010 en una carrera de relevos para que el bastón de mando siga en casa.

lunes, 10 de septiembre de 2007

El artivismo, la historia y los candidatos

Es ya conocido que las diversas expresiones artísticas contemporáneas generan mordaces opiniones entre el público, el prestigioso filósofo español Fernando Savater escribe las siguientes: “El papel del arte parece deslizarse más hacia el entretenimiento que al discernimiento, más hacia la decoración que hacia la intima comprensión de lo relevante”. (La vida eterna, Madrid, Ariel, 2007, p.165.) Por nuestra parte, recordamos que hoy resulta imposible distinguir algo como arte atendiendo sólo a sus atributos físicos. Se necesita que ese algo sea reconocido como portador del significado arte por las personas que lo disfrutan. Ese reconocimiento como arte depende esencialmente del particular gusto estético del medio cultural en donde se realiza esa comprobación. A Savater le decimos que sí, es cierto, muchos artistas construyen su obra con una retórica vacía de contenidos relevantes. El discurso superfluo, intrascendente, es común en los artistas comprometidos con el statu quo. Afortunadamente, muchos artistas en el mundo comunican con seriedad su pensamiento político o filosófico. Expresan sus opiniones contestatarias, irreverentes, sobre la realidad social y económica en la que viven. A esta práctica de manifestar las ideas de resistencia social a través del arte algunos la llaman artivismo, palabra que une el concepto tradicional de activismo político con el de arte. Los artivistas no desean provocar lástima, buscan generar la reflexión que incomode, que motive al espectador a la acción participativa. El artivismo lleva siempre implícito un mensaje positivo, optimista. Es carnavalesco, utiliza el humor, la parodia, la sátira, el absurdo como instrumentos eficaces de comunicación. En nuestro medio cultural, sería conveniente que discerniéramos acerca de la vigencia de las palabras de Savater.
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Cuando surge una posibilidad para el intercambio humanitario con la intermediación del Presidente de Venezuela, se escuchan muchas voces optimistas. Una en particular circula en la Internet, es la de los ‘Intelectuales y artistas en defensa de la humanidad’. Ellos manifiestan: Quienes, en defensa de la humanidad, visualizamos un mundo donde la libertad y la felicidad colectiva se asienten sobre la justicia, nos negamos a creer que en Colombia se haya consolidado la tragedia como un destino ineludible. Por el contrario, estamos convencidos de que en ese entrañable país llegó la hora de cancelar el largo período de violencia estructural, para emprender, de una vez por todas, la ruta de la paz. Llamamos, pues, a todos los involucrados a acompañar en primer lugar el esfuerzo del Presidente de Venezuela, facilitando las cosas para que el intercambio pueda realizarse a corto plazo. Y una vez logrado éste, a consolidar un camino de paz que sea irreversible, con la seguridad de que no sólo las familias y comunidades afectadas, sino el pueblo de Colombia y el mundo entero lo agradecerán.
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En Barranquilla el colectivo ‘Artistas por la paz’ está convocando a un acto simbólico el sábado 15 en el parque Sagrado Corazón con el lema: ‘Porque no basta conmoverse, hay que moverse por la paz’. Será un evento en donde artistas con diversos pensamientos y propuestas expresarán que la paz es el único camino en la actual situación del país y del mundo.
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Sería importante que los candidatos a la Alcaldía de Barranquilla nos dijeran cómo, con qué recursos y con quiénes (ojalá, personas que tengan probadas capacidades intelectuales y morales) van a realizar las maravillosas promesas que tan alegremente nos anunciaron en la entrevista simultánea que se realizó recientemente en la TV regional. Aunque a Noriega se le notó mejor, se podría especular que esa noche muchos indecisos resolvieron votar en blanco.
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“En algunas ocasiones, los cabildos estuvieron en manos de las familias con mayor poder económico en la ciudad, quienes, la mayoría de las veces, olvidaban la función social y pública que debía cumplir este organismo y se dedicaban a aprovechar en beneficio particular las ventajas que proporcionaban los cargos. Es de sentido común suponer que en aquellas ciudades en las que el cabildo se preocupó por la administración pública fue posible apreciar cierta prosperidad colectiva, mientras que en el caso contrario el cabildo hizo las veces de un depredador”. Cualquiera puede imaginar que la cita anterior (Historia de Colombia, Bogotá, Tauro, 2006, p.85.) hace referencia a los cabildos de nuestras actuales ciudades, pero no, se refiere al funcionamiento de los instituidos desde el siglo XVI por la corona española en estas tierras. Saque el lector sus propias conclusiones. ¿Hemos avanzado o todavía superviven las perversas costumbres políticas del siglo XVI?Veamos otra cita: “Los vínculos políticos y la pertenencia a uno u otro partido se definía más bien en el ámbito familiar y local; venían dados por el lugar de nacimiento, por las relaciones de parentesco o de vecindazgo, por las lealtades personales o la sujeción económica y social a determinadas personas a través del caudillismo, el gamonalismo o el clientelismo”. (Historia de Colombia, Bogotá, Tauro, 2006, p.179.). La anterior es una descripción de las costumbres políticas vigentes durante el siglo XIX en lo que actualmente es Colombia. ¿El amable lector puede percibir alguna diferencia con lo que acontece hoy, en el siglo XXI?
Publicado en EL HERALDO

lunes, 27 de agosto de 2007

Confidencias cínicas de personajes de las elecciones colombianas

El procurador General de la Nación, Edgardo Maya, dijo recientemente: “Hay tres momentos en el proceso de elecciones: el pre-electoral, el electoral y el postelectoral; en el primero se encuentra el trasteo de votos; en el segundo, la compra de votos, la suplantación de electores y de jurados. En el tercero, la manipulación de resultados”. “Yo digo que con el actual Código Electoral y el actual sistema electoral no debería haber elecciones”. 12-7-07. El Tiempo.
Imaginemos que en un hipotético reportaje llamado ‘Elecciones 2007’ algunos personajes expresaran sus opiniones. Estas serían sus supuestas palabras.
El ciudadano despistado: ¿Elecciones?, ¿cuándo?, ¿de qué?
El que vota en blanco: No me gusta ninguno de los candidatos. Mi voto es de protesta. Acepto las reglas de juego del sistema, pero rechazo las opciones que se me presentan. Además, si los votos en blanco constituyen la mayoría, se tendrá que realizar nuevas elecciones. Y en las nuevas elecciones a Gobernador y a Alcalde no podrán presentarse los mismos candidatos.
El votante consciente y bien informado: Voy a votar por el candidato que ofrece en su programa las mejores soluciones a los problemas de la comunidad. Soy un demócrata. Defiendo mi derecho a votar y mi libertad para escoger el candidato de mis preferencias. Mi voto es de opinión.
El abstencionista activo: Yo rechazo al sistema político imperante. Esto es una farsa. No voto. Estas elecciones son ilegítimas. Es un juego de artificios, de simulaciones. Expreso de manera contundente mi rechazo a este engaño.
El abstencionista por desidia: el domingo transmiten fútbol. Yo no me pierdo esos goles por nada en el mundo. Yo no entiendo de política. A mí no me molesten.
El votante bajo amenaza de muerte: si no voto por el candidato que me dijeron, me asesinan. Tienen amenazada a toda mi familia. El Estado no me garantiza que mi voto sea secreto. Tampoco protege mi vida.
El que vende su voto: yo no soy ningún pendejo, recibo un billetico por el voto. A mí no me importa lo que digan los demás.


Matador http://www.eltiempo.com /2007-10-07



El empleado extorsionado: me conseguí un puesto, me exigieron mi voto y diez más. Si no lo hago me botan del trabajo. Estoy en un dilema: mi conciencia o el hambre de mi familia.
El ciudadano mal informado que genera el voto nulo: ¿Cómo es que se marca este bendito tarjetón? ¿Será aquí o acá? ¡Ah! Ya sé: aquí, acá y allá. ¿O será que no hay que marcarlo?
El candidato honesto: yo quiero contribuir con el mejoramiento de la calidad de vida de mi comunidad.
El candidato testaferro: el jefe me ordenó que inscribiera mi candidatura. Me dijo que no me preocupara por los votos. Que él tiene la tula y los contactos.
El candidato malandrín: yo me conozco bien todo este tejemaneje. Tú dices una buena carreta, la gente te la cree y luego que sales elegido te llenas los bolsillos. Aquí no sirve la ideo-logía, esto es un juego sucio. Y si quieres ganar, juega sucio tú también. A mí no me interesa el partido político que me dé el aval. Todos acabaron por parecerse.
El candidato delfín: este ha sido el oficio de la familia, toda la vida. Yo simplemente continúo la tradición. ¿Por qué razón voy a renunciar a ese privilegio? ¿No tengo derecho?
El candidato que representa sólo intereses particulares: mi gremio necesita estar en el poder para sacar beneficios adicionales a nuestros privilegios actuales. Soy un candidato que represento exclusivamente los intereses de las corporaciones de mi sector productivo. ¿Te molesta?
El periodista honesto: yo divulgo las opiniones y los programas de todos los candidatos. La ciudadanía debe estar bien informada. Actúo con responsabilidad. Creo en la democracia.
El periodista indigno: yo sólo difundo las opiniones de aquellos candidatos que me retribuyen económicamente con contratos publicitarios. Al mismo tiempo, tergiverso y manipulo las opiniones de los otros candidatos. Así de sencillo.
El funcionario decente: mi deber es cumplir y hacer cumplir las leyes. Además, por convencimiento, por ética, estoy atento a que no se cometa fraude.




El funcionario corrupto: yo estoy al servicio del que más pague. Mi interés personal es lo que importa. Yo no tengo escrúpulos, no tengo el mínimo remordimiento de conciencia. Soy el propio cínico. Y tú, ¿qué me miras?

Amable lector, en la puesta en escena electoral de la realidad, ¿cuál de estos personajes usted representa?


Publicado en El Heraldo como columna de opinión:
http://www.elheraldo.com.co/hoy070827/editorial/noti7.htm