lunes, 9 de agosto de 2010

Reconocimiento jurídico a nuestra nacionalidad cultural regional

Cultura Tairona
Por Hugo González Montalvo.
Algunos ciudadanos del Caribe colombiano han expresado que tienen grandes expectativas sobre el interés y apoyo a la autonomía regional que podría desplegar el nuevo gobierno. Al respecto, es importante recordar ciertos conceptos.
Tenemos a favor del anhelo de autonomía, primero, que los habitantes de la costa norte, considerando los aspectos geográficos, se reconocen fácilmente como pertenecientes a una región.
Segundo, que los fuertes lazos culturales e históricos que unen a los ciudadanos de la región han generado una especie de “nacionalidad cultural regional”. Es decir, nos podemos reconocer como una nación, entendiéndola como lo define la Real Academia Española: un conjunto de personas de un mismo origen y que tienen una tradición común.
Tercero, el percibirnos como nación nos ha facilitado la construcción de una identidad que emotivamente nos impulsa a actuar solidarios. Cuarto, hay una creciente conciencia en una parte de la población de que es necesario alcanzar la autonomía administrativa regional para así lograr una posible mejoría en las condiciones materiales.
Sintetizando: una nación con una fuerte identidad cultural y que habita en la región Caribe colombiana aspira conseguir mayor descentralización administrativa. Para lograrlo son necesarias, después del voto Caribe, nuevas acciones colectivas que generen las condiciones para que en el Congreso de la República sea aprobada, por lo pronto, la Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial. La ley podrá darle a la región el carácter de entidad territorial: “región administrativa y de planificación, con personería jurídica, autonomía y patrimonio propio” (Artículo 306 C.N.). “La misma ley establecerá las atribuciones, los órganos de administración, y los recursos de las regiones y su participación en el manejo de los ingresos provenientes del Fondo Nacional de Regalías” (Artículo 307 C.N.). Se entiende, entonces, que sí podemos alcanzar una mayor descentralización administrativa.
Ahora, si pensamos ir más allá (convertirnos en una región con alguna fórmula institucional de autogobierno) se requeriría de una reforma constitucional que acoja y regule la descentralización política. Es decir, para que la “nacionalidad cultural regional” del Caribe colombiano pueda forjar su reconocimiento como sujeto colectivo, obtener la “nacionalidad jurídica”, se requeriría que la población tenga plena conciencia de qué es lo que quiere y cómo lograrlo.
El Estado-nación actual tratará siempre de mantener centralizado el poder y uniformar a la población. En estas circunstancias es cuando se demanda una guía institucional de la voluntad colectiva, es ahí donde se hace necesario el surgimiento de un partido político regional que asuma la responsabilidad histórica de conseguir la autonomía. Los temores que puedan suscitar estas pretensiones se apaciguan cuando se aclara que lo anterior no implica que se aspire a obtener ser sujetos de nuestra propia soberanía; es decir, no estamos reclamando una nueva “nacionalidad política”, no se está hablando de un nuevo Estado-nación independiente sino de que nos convirtamos en una región autónoma.
Pero todas estas aspiraciones se enfrentan a la duda: ¿Si será más democrática y socialmente justa esa región Caribe que se proyecta? Hay que recordar que durante el feudalismo los espacios locales de poder gozaban de autogobierno pero no por eso fueron gobernados por principios y normas democráticas. ¿No estaremos ayudando a consolidar el asalto al poder local de fuerzas políticas de dudosa moral?

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Debo agradecer a todos los amigos, muchos miembros de la comunidad cultural y periodística de la región, por su generoso apoyo en la reciente dificultad relacionada con mi salud.
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Publicada como columna de opinión en el diario El HERALDO de Barranquilla, Colombia.
http://www.elheraldo.com.co/ELHERALDO/BancoConocimiento/C/colreconocimiento_juridico/colreconocimiento_juridico.asp?CodSeccion=52

miércoles, 4 de agosto de 2010

Historia de una preocupación con final feliz


Barranquilla, miércoles, 4 agosto de 2010

Historia de una preocupación con final feliz

Hugo se casó el sábado con la artista Katya Oliveros. Cortesía Salwa Amashta

Por Martha Guarín R.

Hay días que por su naturaleza han sido decretados como maravillosos en la vida de lo seres humanos: tener un hijo, publicar un libro, plantar un árbol. Pero también hay sucesos que pueden superar los convencionalismos, como recibir la noticia de que por fin otros pagarán 90 millones de pesos para no detener el proceso de un trasplante de médula ósea con el que busca extender su vida el promotor del movimiento de la bacanería en el Caribe colombiano, Hugo González Montalvo.

Ayer, la rectora de la Universidad del Atlántico, Ana Lucía Meza, dio instrucciones precisas para que se atienda con prioridad el caso del cineasta González Montalvo, profesor desde hace 11 años de la institución, que padece hace cuatro un cáncer que del nivel cuatro bajó gracias a los avanzados tratamientos que ha recibido y a su bacanería, y va en la fase uno.

La decisión de la Rectora obedece al grito de auxilio que retumbó ayer en Barranquilla por parte de amigos del columnista de este diario, al señalar que si la Universidad no cancelaba a tiempo sus compromisos económico con la Fundación Santa Fe, la vida del profesor de semiótica de la cultura y de análisis audiovisual de la facultad de Bellas Artes corría peligro.

Ayer mismo, la Universidad generó una carta de orden de pago de la Unidad de Salud por $258.683.921 que debe hacerse efectiva hoy.

“Inmediatamente la Unidad de Salud procederá a pagarle a la Fundación Santa Fe ya que el plazo vence el 6 de agosto”, precisó el vicerrector financiero y administrativo Freddy Díaz. Si esta gestión sigue su curso, el 11 de agosto González Montalvo iniciará en la Fundación Santa Fe el ciclo de quimioterapia y posteriormente al trasplante de médula ósea.

“Yo sólo tengo agradecimientos con la Universidad del Atlántico. Primero por darme la oportunidad de trabajar. Para mí es una realización académica y espiritual, pero el tratamiento médico que recibo y al que tengo derecho como trabajador, no puede postergarse, es una recomendación científica”, explicó González.

El cineasta hace de cada momento el mejor fotograma de su vida.

El sábado 31 de julio, después de convivir 10 años con la artista plástica Katia Oliveros, se casó en su residencia. Y ayer fue un día que empezó con preocupación pero que terminó como muchos otros, con felicidad, con la misma que se ha propuesto vivir. Al caer la noche dijo: “Gracias a todos, por lo poco o lo mucho que haya que vivir”.

martes, 27 de julio de 2010

Colombia: Bicentenario con Capitalismo Compinchero


Por Hugo González Montalvo
Es claro que en las celebraciones del Bicentenario de la independencia nos sentimos contentos de pertenecer a esta nación llamada Colombia, pero ese fuerte sentido de pertenencia no nos debe obnubilar el pensamiento e impedirnos reconocer que, hasta ahora, de las generaciones que han vivido en el territorio de la república ninguna ha podido lograr un nivel de vida digno para la mayoría de la población y que nunca hemos alcanzado la plena vigencia de las instituciones democráticas. Estamos en deuda con quienes ofrendaron sus vidas para darnos la oportunidad de auto determinarnos. Las razones del incumplimiento de los objetivos soñados son muchas. Una de ellas es que jamás hemos generado las condiciones para que la economía se desarrollara convenientemente de acuerdo con los patrones internacionales en boga en los diferentes momentos históricos que nos ha tocado vivir como colectividad.

En su libro “Nueva Historia Económica de Colombia” (2010), el ex director del Banco de la República Salomón Kalmanovitz nos dice que nuestra clase dirigente, una reducida camarilla de amigos, ha sido recelosa de las ciencias y de las técnicas, ha cerrado el país frente al extranjero. Este grupo de privilegiados (que ha rotado su permanencia en el poder), ha evitado que la sociedad se abra a la necesaria competencia capitalista; es decir, ha impedido que los ciudadanos que hubiesen querido desempeñarse como empresarios lo hubieran podido hacer en condiciones de igualdad. La triste conclusión es que lo que hemos tenido es un capitalismo ‘compinchero’.

Sustentado en un poder dotado de mucha autoridad, este capitalismo ‘compinchero’ ha generado una variedad criolla de corporativismo, intercambiando privilegios por lealtades con organizaciones estamentales o corporaciones (Iglesia, ejército, terratenientes, gremios). Lo que implica fueros especiales, tratamiento discriminatorio, negación de la igualdad, como el cierre al comercio exterior y el racionamiento de las divisas de importación a favor de las empresas del centro del país. Es un sistema inflexible que no cuenta con canales apropiados para la resolución de conflictos ni permite la representación de nuevos intereses.

Todo lo anterior se ha reforzado recientemente con la coparticipación de una nueva y poderosa clase emergente delincuencial que se nutre del narcotráfico y que ha logrado realizar una rápida y sanguinaria contrarreforma agraria. Sobre la gran propiedad (predios de más de 2.000 hectáreas), Kalmanovitz nos aporta datos muy dicientes y contundentes: en 1984 la gran propiedad representaba el 47% de la superficie catastrada, en el año 2.000 alcanzó el 68%. La concentración de la propiedad agraria es evidente: en 1984, 1.800 potentados tenían 6,8 millones de hectáreas en predios de más de 2.000 hectáreas, mientras que en el año 2.000, 2.200 propietarios concentraban la fabulosa cifra de 39 millones de hectáreas en predios de la misma extensión. En estas condiciones, de falta de competencia, son pocas las posibilidades de que el sector agropecuario logre la seguridad alimentaria de la población y pueda participar en el mercado internacional.

Si a lo anterior le sumamos la permanencia del legado cultural colonial español, proclive al absolutismo, que facilitó el surgimiento del caudillismo y obstaculizó el avance de las instituciones democráticas, se comprende el porqué del actual panorama socioeconómico de hoy, que no es para celebrar.

Como si doscientos años de disputas entre ciudades y regiones, de guerras civiles y violencia no fuesen suficientes, ahora nos pelamos con los vecinos, ¿hasta cuándo debemos esperar para que maduremos como sociedad y merecer así un mejor destino?

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Publicado como columna de opinión en EL HERALDO; diario de Barranquilla,Colombia.

http://www.elheraldo.com.co/ELHERALDO/BancoConocimiento/C/colbicentenario_con_capitalismo/colbicentenario_con_capitalismo.asp?CodSeccion=48