sábado, 3 de diciembre de 2011

Sargent Pepper’s Lonely Heart Club Band

El 8 de diciembre de 1981 me permitieron un espacio en una emisora de la ciudad para hacer un programa homenaje a John Lennon, asesinado un año atrás. Lo primero que dije fue que me parecía cruel que John Winston, un ser humano que nació en 1940 teniendo como fondo musical el sonido aterrador de un ataque aéreo sobre Liverpool, que se había pasado toda la vida como artista componiendo las canciones más exquisitas para acallar esos fantasmas sonoros, y como activista político tratando de convencer al mundo de la inutilidad de la guerra y la violencia, muriera de esa manera, de forma violenta, a manos de un ser trastornado con una psicopatosociopatía.
Escogí para recordarlo su faceta de político, porque para mí John Lennon fue uno de los más grandes políticos de la paz que ha parido esta humanidad, de la talla de un Gandhi, por ejemplo. La diferencia radica únicamente en el método escogido para plantear la paz: mientras el indio británico adoptó la pose que se esperaba para un hombre de sus ancestros y formación, el ‘teddy boy’ se decidió por el artivismo, una forma de hacer cosas trascendentes de un profundo sentido político a través del arte. La imagen de Gandhi sentado en meditación en huelga de hambre por la paz tiene el mismo peso político de la imagen de John teniendo sexo con Yoko bajo una carpa en una esquina en contra de la guerra de Vietnam. Que lo diga Richard Nixon, presidente de Estados Unidos en esa época, para quien el Beatle fue, políticamente hablando, un insoportable ‘pain in the ass’.
Desde hace 20 años rindo un homenaje el 8 de diciembre a este bacán mayor capaz de confrontar a las figuras políticas más encumbradas con su artivismo. Como en aquella presentación en el Royal Variety Show a la que asistieron la Reina Madre y algunos miembros de la realeza británica y en la que lanzó su frase icónica: “Los del gallinero pueden aplaudir, y el resto de ustedes basta con que hagan sonar sus joyas”. Posteriormente, los Beatles serían nombrados miembros de la Orden del Imperio Británico porque la beatlemanía produjo muchas divisas al Imperio con los impuestos que recaudaron con la música y, especialmente, porque se crearon muchas fuentes de trabajo en la fabricación de todo tipo de artículos relativos a esa moda. ¿Quieren más?
En esta ocasión tan solemne, íntima, artivistamente mía, en contra de la guerra y la violencia no puedo escuchar únicamente al cuarteto de Liverpool, La Banda del Club de los Corazones Solitarios del Sargento Pimienta, debo invitar a mi casa al Cuarteto Acribillado en las Montañas de Colombia, que interpretan un rock and roll pesado, con una sonoridad alucinante, psicótica, aterrorizada, angustiada, aplastada, desesperanzada y en muerte permanente. Están invitando a un tour al que nadie ha asistido llamado Acuerdo Humanitario. Cuenta con unos fans que se caracterizan por ser depresivos, al borde del colapso, en una sensación permanente de estar perdidos entre la realidad y el dolor, que bailan unos ritmos/ síntomas conocidos como taquicardia, dificultad para respirar, dolor en el corazón, temblor, parálisis, desrealización, alerta permanente, insomnio, pesadillas en vivo, sensación de muerte. Es una onda musical bien heavy.
Me espera una noche hard rock.
¡Hey, give peace a chance, coño!

Haroldo Martínez
haroldomartinez@hotmail.com

viernes, 25 de noviembre de 2011







Por Haroldo Martínez

Y no fue en sentido metafórico, porque después de terminar la celebración del segundo aniversario del Día del Orgullo Primate los asistentes al Planetario de Barranquilla nos tomamos la foto grupal comiéndonos unos guineos suculentos que la presidenta actual de la Fundación Bacanería Planetaria, Katia Oliveros, tuvo el acierto artístico y estético de conseguir para que reafirmáramos nuestra condición de especie en evolución que se pregunta cuál es el sentido de nuestra existencia en este planeta.


En esta ocasión hicimos un repaso sobre lo que es un primate (Haroldo Martínez), definiciones de evolución y dónde estamos nosotros como humanos (Álvaro Tirado), importancia del lenguaje en el proceso de hominización y humanización (trabajo en imprenta de Juan José Trillos), cuál es el sentido de nuestra existencia (Jorge Senior) y, finalmente, una serie de frases elaboradas por Hugo González (q.e.p.d.) que son la semilla de un libro que dejó planteado para ser escrito, el libro de la bacanería. César Sarmiento fue el presentador de los ponentes.




Quedó claro que los humanos no somos la especie elegida ni superior a ninguna de las que habitan este planeta, que el interés de la evolución no es crear mejores personas, ni más bonitas, ni más inteligentes, ni semejantes a un dios, ni hay una fuerza sobrenatural que dirija nuestra deriva natural y que lo único que tenemos es el aquí y el ahora y nos toca a cada quien decidir qué hacemos con eso, que es nuestro capital más preciado. A pesar de esas noticias, que no son muy satisfactorias para mucha gente, especialmente para los que se aferran a las tesis de la creación de un diseño divino, los asistentes no salimos deprimidos ni desesperanzados, antes por el contrario, optimistas por saber que nuestro destino está en nuestras manos, que no podemos echarle la culpa a nadie de lo que sucede con nuestras vidas porque cada persona es responsable del sentido que le dé a su existencia, y que tenemos el deber de intentar ser felices a pesar de la malparidez cósmica que nos rodea en lo breve o larga que sea nuestra vida.
Fue muy gratificante ver caras nuevas en este escenario, saber que los dinosaurios que convocamos a estas celebraciones encontramos eco en diversos núcleos de la población joven de la ciudad quienes tienen sus propios planteamientos sobre la vida. Uno de ellos fue el grupo Ateos de Barranquilla, a quienes comprometimos para la celebración del próximo año para escuchar sus tesis. Otro fue el de estudiantes de psicología quienes esperaron hasta el final del foro para hacer preguntas muy específicas sobre ética biológica, ética fisiológica, ética psicológica, lo cual nos entusiasma porque nos demuestra que los jóvenes primates se están cuestionando y se plantean alternativas diferentes a lo emo, lo punketo, lo gótico y demás tendencias culturales de innegable corte depresivo, en busca de un discurso diferente que le dé sentido a sus vidas.

Le hicimos un gran homenaje a Lucy, la australopithecus afarensis que decidió dejar la comodidad de los árboles para aventurarse, junto con su pareja y su hijo, en los avatares y peligros de la sabana y dar inicio a la gran marcha bípeda de los primates sobre el planeta Tierra y al proceso de nuestra humanización.

Haroldo Martínez.
haroldomartinez@hotmail.com