miércoles, 23 de enero de 2008

El Carnaval, el reino de la ambigüedad


Por Hugo González Montalvo
La esencia de lo carnavalesco es su indefinición: nadie sabe con precisión cuál es su lugar, ni el lugar del otro. Todo parecer ser y no ser al mismo tiempo.
Amargados interpretan desafinados canciones de despecho para alegrarse falsamente, rumiando su dolor, sumergidos en la tristeza de sus letras.

El licor sirve de excusa para hacer el ridículo sin la pesada consecuencia de pasar la vergüenza. Los ritmos auténticos buscan desesperadamente parecerse a los extranjeros. El hambre se disfraza de opulencia para alimentarse del prestigio de la falsa apariencia.


El desempleado se rebusca con el disfraz de indigente. El rebusque se transforma en folclor. El folclor se desnuda y aparece como otra forma del rebusque. La autoridad se ejerce finalmente: ordena que la mejor manera de estar ordenados es seguir en el desorden. El espectador goza el goce del otro en la pantalla de la televisión, es el dominio de la representación, donde se supone que es la oportunidad deseada del imperio de la participación. Muchos se lucran con la gratuidad de mi espontánea celebración de la vida.
F0to Tania Oliveros
Mientras yo estoy en el ocio, otros están en el negocio. Mientras yo creo seducir, el otro me atrae con su encanto interesado. El sicario mata con una sonrisa.
El violento te golpea para felicitarte. Me río de mí mismo al saber que me parezco a los demás en su reír sin sentido. La máscara que exhibe mis deseos ocultos me permite mirar sin prohibición la verdad del otro enmascarado.
Las comparsas marchan rigurosamente disciplinadas en la fiesta del desorden vital. Transitan vestidas de manera uniforme donde se supone que es el espacio y el momento de la exuberancia de la creatividad, de la estética sin límites, de la imaginación libertaria. Se impone la repetición como norma, la diversidad acata sumisa las premisas de la coreografía de la reiteración. El control como condición. La libertad como señuelo para el consumo.
El poder hace alarde de su tolerancia, es condescendiente con la burla sin propósito crítico; es permisivo con lo superfluo, lo cómico no es una amenaza.En cambio, el humor, que no es para reírse, hay que tenerlo alejado, la sonrisa inteligente es casi subversiva. Al final, las páginas judiciales dirán si fue exitoso el festejo. Mi hambre continuará saciándose con los éxitos del amado equipo de fútbol. Le seguiré creyendo al politiquero, entiendo que si él es un mentiroso, yo también lo soy; así que siga el Carnaval. En últimas, siempre estará sonando en la radio ‘El ñato que mama ron’, los equipos de sonido seguirán haciendo ruido en toda la cuadra y proseguirá la negligencia deliberada de los burócratas.


F0to Tania Oliveros
Es posible que la vida cotidiana en la que cada uno participa, con su rol sin máscara, sea más carnavalesca que la que supuestamente se expresa en el Carnaval. La disciplina que se necesita para el progreso, la prosperidad, el incremento de la productividad y la innovación tecnológica se pone en duda ante la creencia de que la idiosincrasia festiva nuestra, expresada en la temporada del Carnaval, debe prolongarse durante todo el año.


F0to Tania Oliveros

Publicado en EL HERALDO, diario de Barranquilla, Colombia:
http://www.elheraldo.com.co/ELHERALDO/BancoConocimiento/Y/yel_carnaval_el_reino_de_la_ambigüedad/yel_carnaval_el_reino_de_la_ambigüedad.asp?CodSeccion=42

1 comentario:

Juan José Trillos dijo...

Ayer precisamente cuando leí el artículo en papel,pensaba en que uno de los aspectos que pueden mejorar el rendimiento escolar y universitario,que redundaría en una mejor calidad de vida para el costeño es,desfloklorizar la educación, por ello estoy recomendando literatura del carnaval. Espero que este artículo genere la misma reflexión en tus lectores.