lunes, 14 de diciembre de 2009

Cuentos para niños


Por Hugo González Montalvo
Escapar del cerco ideológico formado desde la niñez es una tarea bastante difícil. Digo lo anterior por mi experiencia como docente, por muchos años he comprobado que las ideas religiosas, por ejemplo, inculcadas a los estudiantes desde la cuna se erigen como muros inexpugnables para lograr un cambio de actitud frente a temas de la mayor importancia para la vida personal y social.

Frases, que a la luz de las ciencias son puras fantasías o argumentos francamente deleznables, se convierten en verdades absolutas sólo por haber sido extraídas de algún texto considerado sagrado. En esas circunstancias, al docente le es difícil luchar intelectualmente contra las apasionantes leyendas y los ingeniosos mitos, inculcados durante años, sólo apertrechado con los fríos argumentos de la ciencia.

Recordemos que la ciencia es, en esencia, falsable (Que puede ponerse a prueba y ser desmentida por los hechos o por un experimento adverso. RAE). Las afirmaciones de una hipótesis científica deben generar oportunidades potenciales para demostrar que es falsa. Nos quedamos con las hipótesis que se ajustan mejor a lo que percibimos como la realidad. Por la fuerza perturbadora de las objeciones, y aprendiendo continuamente de los errores, la ciencia avanza. Siempre intentando demostrar que las ideas vigentes están equivocadas; e impulsada por la racionalidad, la ciencia somete a feroz crítica nuestras más profundas creencias.

Muchos estudiosos sobre estos asuntos afirman, con juicios convincentes, que al obligar a los niños a profesar emotivamente las creencias religiosas de sus padres se les están violando sus Derechos Humanos; teniendo en cuenta, sobre todo, que a esas edades sus cerebros no han llegado aún a su pleno desarrollo biológico.






Igualmente, como ciudadanos, estamos sometidos a ofensas a nuestra inteligencia. Los gobiernos acuden con frecuencia a los mitos fundacionales y a la religión para justificar sus ineptitudes o abusos; hemos visto a nuestros presidentes de rodillas ante imágenes religiosas implorando compungidos por “la seguridad de la patria”. En otras palabras, los mandatarios envían un mensaje a los ciudadanos: yo no respondo ante ustedes, ni ante la Constitución, únicamente respondo ante Dios y mi fuente para saber lo conveniente de mis decisiones son las consultas al libro que yo considero sagrado (Biblia, Torah, Corán, etc). Estamos viviendo nuestra propia Edad Media.

Lo anterior se evidencia con las recientes decisiones y discusiones relativas a al aborto, la píldora del día después o a la dosis mínima. En vez de procurar que el Estado mediante la educación y la prevención trate de afrontar estos asuntos de salud pública, el gobierno procede a penalizarlos basados en pueriles argumentos surgidos de convicciones religiosas. Da la impresión de que los colombianos estamos confundiendo el ámbito de la ley, con el de la moral o el de la ética. ¿Será que hemos olvidado diferenciar adecuadamente entre la sanción legal, que le corresponde decidir al Estado laico, y la sanción moral, que le pertenece al ámbito espontaneo y cultural de la sociedad?

Para profundizar estos temas: “El espejismo de Dios”, Richard Dawkins e “Ideas, historia intelectual de la humanidad”, Peter Watson.

A todos los amables lectores una navidad plena de bacanería.
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Columna de opinión en EL HERALDO, diario de Barranquilla, Colombia.
http://www.elheraldo.com.co/ELHERALDO/BancoConocimiento/C/colum14dic-3/colum14dic-3.asp?CodSeccion=52



2 comentarios:

Juan José Trillos dijo...

Como siempre Hugo diciendo lo que muchos andamos pensando; pero sin caer en el discurso panfletario, y encontrando las justas palabras con las cuales los aún más dogmáticos podrán refutar: una verdad que cada día nos alcanza y nos dice que estamos solos en esta aventura que se llama vida y que solos tendremos que enfrentarla. Gracias a Hugo por ayudar a limpiar el camino de la cera que no deja oir y las lagañas que obstruyen la vista.

Adelante...siga escribiendo

Juancho

Hugo González Montalvo dijo...

Gracias viejo Juancho, por tus palabras.
Tú como docente conoces bien de lo que se plantea en el artículo.
Un fuerte abrazo