lunes, 8 de febrero de 2010

Sancionar o sucumbir. Mente, Cerebro y Comportamiento.Reflexiones sobre Colombia.



Por Hugo González Montalvo.
En la medida en que iba leyendo el libro “La Mente Moral, cómo nuestra naturaleza ha desarrollado el sentido del bien y del mal”, surgían reflexiones relacionadas con nuestro entorno. Las conclusiones, provisionales, de algunas investigaciones científicas sobre cooperación social, comunicación y moralidad divulgadas por el autor, profesor Marc Hauser (codirector del programa Mente, Cerebro y Comportamiento de la Universidad de Harvard), me hacían recordar los problemas de convivencia en nuestra sociedad.

Es natural que todas las comunidades de humanos tengan la práctica de proteger a los niños, ancianos, enfermos y mujeres en gestación. Ya en las sociedades de recolectores-cazadores (en la que predominaba el sentido igualitario), al momento de la repartición de los beneficios obtenidos, se aplicaban normas sociales que tenían como fundamento el sentido innato de la equidad. Fue así cómo nuestros antepasados fortalecieron la compasión con los débiles, como parte de la moral colectiva. Cada uno de nosotros está dotado de una mente moral innata que nos impulsa convertir  las intuiciones en eficientes normas sociales. Principios sustanciales de la naturaleza humana son exteriorizados en prescripciones y sanciones sociales. La investigación verifica que las sociedades se rebelan cuando alguna autoridad expide normas legales que desconocen la equidad implícita en las normas sociales. A propósito de los nuevos decretos de emergencia social: ¿Puede una norma legal, desechando costumbres milenarias, imponerle a la sociedad colombiana que desproteja a los enfermos? ¿Es posible que esas normas legales vayan en contravía de las normas sociales?

Los estudios sobre el comportamiento esencial de los humanos nos confirman que en circunstancias en las que violar las normas no representa ningún peligro de recibir una sanción, los individuos se aprovechan de la oportunidad para obtener mayores beneficios de los que tienen derecho. Las sociedades que no logran imponer respeto por el cumplimiento de las normas sociales, y que no sancionan de manera disuasiva a los infractores de la ley corren el riesgo de sucumbir. 
También nos ilustran los expertos que los individuos que se encuentren en una situación de vulnerabilidad son proclives a obtener beneficios menores, pero inmediatos, en vez de actuar con paciencia y recibir beneficios mayores a largo plazo. Lo anterior nos permite hacernos algunas preguntas: ¿Por qué comprar votos es una práctica que no es radicalmente rechazada por la comunidad? ¿Por qué permanece impune? ¿Será que vender el voto se considera licito porque aplacar el hambre de hoy, en vez de esperar el incierto cumplimiento de una promesa de campaña del politiquero, es algo inteligente para el estomago del famélico?

Las investigaciones revelaron también que en algunas especies animales es posible el fraude. Los individuos que eran escépticos frente a las señales de sus semejantes tenían mayores posibilidades de sobrevivir. Es decir, ser escéptico es una ventaja en el proceso de selección natural.
 ¿Se podría pensar que estamos como estamos en gran parte porque la inmensa mayoría de ciudadanos son creyentes ingenuos? Creen en toda la información emitida por culebreros mediáticos, en brujos, en mesías, en dioses, en politiqueros, etc. 
¿Quién o qué podrá salvar a los creyentes?
Publicado en EL HERALDO, diario de Barranquilla, Colombia.

1 comentario:

Juan José Trillos dijo...

No podría esta nota ser más oportuna por estos días en que el icono del culebrero da bandazos y palos de ciego porque miles a los que logró embaucar han aprendido, aunque tarde, muchas de las mañas y artimañas con las que lograba una y otra vez pintarles la cara a los colombianos. Si duda el artículo señala la conducta ambivalente de algunos colombianos. Por fortuna no hay mal que dure tanto...PERO por desgracia lo suficiente como para lamentar nuestro actual estado de ignorancia.

Gracias Hugo por abstrarte, como pocos, de los velos del futbol, el carnaval y otras distraciones, para poner el punto sobre la ies.

Juancho