lunes, 16 de julio de 2007

El caminar simbólico del ‘profe’ Moncayo

“Lo único que busco es el acuerdo humanitario” es lo que repite con cada paso que da el profesor Gustavo Moncayo en su caminar hasta Bogotá. Es un padre que clama por un entendimiento que permita que su hijo Pablo Emilio, suboficial del Ejército secuestrado por las Farc en 1997, recobre su libertad. Al ser víctima de una injusticia, que no ha sido resuelta por los causes legales de la democracia representativa y electoral, emprende su caminar simbólico como una acción directa, legítima y radicalmente democrática. Superando la resignación y la pasividad generalizada, comienza la marcha —que en sí misma es un resultado— con un programa constructivo.
Su intervención rotunda no se limita a ser una expresión de dolor. Tampoco es sólo una manifestación de rabia, es una propuesta de solución. Su acción no violenta busca una salida a una infamia, lleva implícita un proyecto de conciliación. Su lucha —sin mediaciones ni delegaciones— visualiza el conflicto, provoca la reflexión de la ciudadanía; sensibiliza a la opinión pública, crea condiciones favorables para que se produzca un diálogo entre las partes que se han mostrado intransigentes en sus posiciones.
En un país donde algunos ciudadanos impulsados por su ilusión de paz piden más guerra, el ‘profe’ con el mensaje amigable de su accionar simbólico confiere una lección de cordura. Con su acto ejemplarizante desafía al discurso belicista utilizando su sonrisa como instrumento de comunicación eficaz. Su marcha es una expresión de potencia desde un escenario público no estatal. El ‘profe’ piensa en situación, poniendo el cuerpo ensaya con entusiasmo una diplomacia desde abajo. Es una impactante misión con un alto contenido de sentido humano. Coloca en aprietos al Gobierno que debe estar pensando qué responderle a este humilde colombiano que está recibiendo la solidaridad espontánea de la gente en todos los sitios por donde transita. ¿Qué podemos esperar de las Farc? ¿Responderán a las peticiones del ‘profe’?

Con su singular actuación pacífica, el ‘profe’ ha atraído a los medios que buscan afanosos ‘el espectáculo’, ‘la historia’, ‘al personaje’. Al trascender lo privado, ha alcanzado una notable significación social que le confiere connotaciones de pedagogía política. Todas las víctimas de las violencias —la estructural y la delincuencial— emergen ahora visibles; empiezan a animarse, a contagiarse, se asumen como interlocutores válidos y legítimos en la búsqueda de las soluciones a sus conflictos.
Este mismo estilo de acciones directas pacíficas las hemos visto en algunas marchas que jóvenes, estudiantes y artistas han realizado últimamente. Cada vez más adoptan un modo fiestero de protesta; realizan teatro de calle, parodias, exhibiciones de arte autogestionadas. Este artivismo, con su crítica cultural pacífica, procura no ofrecer pretextos para que se le reprima con violencia.

En nuestra cultura hemos aprendido de manera nefasta que los conflictos se resuelvan con violencia. Algunas víctimas desesperadas se exaltan y responden con protestas violentas a la violencia estructural que les afecta, lo que a su vez produce violencia represiva y así sucesivamente se promueve una espiral absurda de sufrimiento. Como la violencia es una respuesta aprendida también se puede aprender que existen otras respuestas posibles. Los no violentos saben que la violencia se elimina atacando las causas que la generan. Iniciativas incruentas como la del profesor Moncayo, que sin intermediarios hace en el espacio público una puesta en escena del conflicto, son herramientas éticamente fundamentadas que rompen con la tradición política que pretende acabar con la injusticia con las mismas armas criminales que la han creado.
Las Fuerzas Armadas del Estado desde hace muchos años están combatiendo en las profundidades inhóspitas de las selvas, ofreciendo sus vidas en este infame conflicto. Todos los colombianos estamos secuestrados por esta macabra lógica de la violencia. Es el momento de respaldar al profesor Moncayo en su petición de un acuerdo humanitario; entendiéndolo, además, como un paso hacia la paz.

Publicado en EL Heraldo

3 comentarios:

Elkin Monta�o dijo...

Los medios no presentan al profesor Moncayo como un activista de sus derechos sino como un extra�o personaje. Hay que apoyarlo en sus peticiones.

Joaquín Rojano dijo...

miponedera@yahoo.es
GRACIAS POR DEJARME CONOCER LOS PASOS DEL HUMANO. JOACO

Belinda Alcoser dijo...

Profesor Moncayo reciba todo mi apoyo. Me duele esos muchachos sin libertad.