lunes, 5 de octubre de 2009

Gomorra, capos y muñecas

Por Hugo González Montalvo.
Están causando controversia las series de televisión “Las muñecas de la mafia” de Caracol y “El capo” de RCN. Sobre ellas las siguientes reflexiones.
Partamos del reconocimiento del derecho de los productores de televisión para realizar dramatizados con temas que consideren rentables para su negocio. Reconozcamos también la libertad que tiene el ciudadano de escoger los programas que más le guste. Admitamos la buena calidad artística y técnica de las series. Examinemos, entonces, un aspecto que es polémico: el tratamiento ético del tema.

Comparemos las series criollas con una laureada película que estuvo recientemente en cartelera: Gomorra. En este film italiano nos adentramos en las entrañas sociales de la camorra, la mafia napolitana, pudiendo observar algunas de sus causas y lamentar las nefastas consecuencias de sus actividades. Siguiendo las vicisitudes de la vida cotidiana de cinco sencillos y humildes personajes que habitan en un entorno barrial, con fuertes vínculos afectivos y económicos con las bandas criminales, podemos conocer los dilemas éticos, las angustias y los sufrimientos que generan un ambiente de pobreza gobernado por la mafia.Con el aporte de actores naturales y filmada en los propios escenarios urbanos marginales, en esta película prima la estética cruda y tristona de las carencias de los sectores pobres de la sociedad.Al final, el espectador queda con la sensación de que la vida en un ambiente dominado por la mafia es una desgracia, es un crimen contra la humanidad. Igualmente, queda indignado al saber que los vínculos políticos y económicos de la camorra hacen parte de la lógica del lucro desmedido de la red financiera del capitalismo globalizado.

Las series nuestras abordan el tema desde el punto de vista de los personajes que “triunfan” en el negocio del narcotráfico. Están construidas dramáticamente de tal manera que el espectador se identifica con los héroes perversos. Sus conductas criminales se justifican por ser una vía para salir de la pobreza. Las masas de televidentes se entusiasman con los capos y sus muñecas al verlos acceder rápidamente a una vida de consumo suntuario, inalcanzable con métodos lícitos.
Buena parte de la población que vive en la miseria no tienen la práctica del consumo pero ha asumido como propia la cultura del consumismo. Influida por la publicidad en los medios de comunicación se alimenta de la esperanza de que algún día pueda alcanzar el edén del consumismo. Por lo pronto, soporta sus circunstancias identificándose con los ídolos mafiosos de la televisión que encarnan famosos galanes y sugestivas divas. Las dificultades que puedan pasar los mafiosos, por las persecuciones de las fuerzas de la ley, son soportables y mínimas comparadas con el fin a conseguir: vivir rodeados de lujos. “El riesgo vale la pena”. El espectador aquí no se encuentra con conflictos éticos, todos los valores son transgredidos de manera “natural”; los jóvenes varones son sicarios y las hembras adolescentes son prostitutas, sin que nadie se turbe.
¿En Colombia, definitivamente, impera la cultura mafiosa? ¿Estas series gustan y divierten porque reflejan lo que somos? Tal parece que en una sociedad donde dominan los cínicos audaces, los logros de la gente decente son tontos, no generan audiencia.
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Publicado en EL HERALDO
http://www.elheraldo.com.co/ELHERALDO/BancoConocimiento/A/a05columgomorra/a05columgomorra.asp?CodSeccion=52

2 comentarios:

Juan José Trillos dijo...

Util reflexión Hugo. Gracias por recordarnos estar alertas, aunque casi nada podamos hacer para detener la criminal socialización de la cultura mafiosa en el poderoso medio de la TV.

JUAN

Rockfield dijo...

Lo peor de todo es que nos quejamos todo el tiempo que a Colombia desde afuera se estigmatice con la marca de la mafia y el narcotráfico. Pero no hacemos el más mínimo intento por mostrar otra cara.