domingo, 16 de diciembre de 2007

En esta navidad: ¡Más paz y menos consumo!

Es sabido que en esta temporada de navidad las grandes desigualdades que padece nuestra sociedad se evidencian de manera inhumana. Se supone que los aguinaldos, las vacaciones, las primas, las cenas, los cantos de los niños en las novenas, en fin, compartir momentos agradables en familia permiten alcanzar la máxima expresión de paz y armonía del año, pero esta época es también la más trágica porque hace perceptible la condición de marginalidad en que se encuentra gran parte de la población. Para muchos, la soledad y la pena moral aumentan. Es desconsolador ver que los hospitales están llenos de personas con heridas causadas en feroces riñas estimuladas por el consumo excesivo de alcohol. Los bárbaros aficionados al ruido hacen explotar pólvora; provocan tal escándalo que los vecinos civilizados pierden la tranquilidad. Siguen los niños intoxicados o quemados por esta causa. Se incrementa la sensación de inseguridad en las calles, los ladrones sí que están de fiestas. Los estresantes trancones vehiculares son más frecuentes. Aumenta la inconformidad y el mal genio en parte de la población que no puede comprar, razón principal de la fiesta consumista de fin de año. En la ciudad, lo que menos se observa es el famoso espíritu cristiano de amor y solidaridad humana que hipócritamente tanto se menciona. Los caribeños hemos llegado aceptar como propio al abrigado Santa Claus que suda desesperado tratando de sonreír en medio del calor tropical. Esperamos, como un fenómeno de lo más natural, que aparezca la nieve en nuestro litoral. Para calmar el frío, de este invierno importado, surgen por doquier chimeneas de cartón.

El lugar donde la comunidad se puede reconocer de manera espontánea, y con toda su complejidad, es el centro de la ciudad. Ahí la confusión es total. La música a todo volumen compite con la bulla de los locutores que pregonan las promociones de las tiendas, pareciese que luchan para ver cuál de ellos logra perturbar más al transeúnte. La multitud en busca de la felicidad prometida se escurre hábil y afanosa entre las ventas que ocupan campantes los andenes y las calles. El Paseo de Bolívar semeja una escenografía efímera recién construida para la filmación urgente de una escena cinematográfica promocional de la vida ciudadana, pero por el momento parece que ha sido tomada por una turba de extras sueltos de madrina que hacen espontáneamente el papel de vándalos. Entre tanto, en el norte de la ciudad, los miembros de la numerosa familia “miranda”, provenientes del sur, avanza en su recorrido turístico anual, ven las luces exhibicionistas y ostentosas de algunas residencias y recorren como forasteros asustados los centros comerciales.
Por todos lados tumultos, gente que se afana por consumir. Son muy pocos los que se sumergen en reflexiones profundas relacionadas con nuestra condición humana o con el estado de satisfacción personal alcanzado en el año. Menos, aún, son los que se acuerdan de los motivos religiosos de las fiestas.
En este tiempo de navidad sería un buen ejercicio ecológico tratar de frenar el despilfarro de energía y de recursos naturales. Controlando el consumo innecesario, resistiendo el encanto de la poderosa publicidad seductora de productos contaminantes. Los expertos en asuntos económicos y ambientales nos dicen que el consumo de cosas inútiles y el uso excesivo de servicios suntuarios contribuyen a que nuestro planeta se destruya cada día más.
Sabemos que actualmente en el planeta Tierra el 20 % de la población consume y derrocha el ochenta por ciento de los recursos del planeta. De los 6.000 millones de habitantes del planeta, apenas 500 millones viven confortablemente, mientras 5.500 millones siguen en la penuria. La idea no es privarse de lo indispensable o dejar de gozar placeres merecidos sino de moderarse. En Europa y EE.UU. algunos ciudadanos con espíritu altruista se han asociado para atenuar el consumo devastador del planeta.
Conforman el movimiento de “comercio justo” (fair trade) que ofrece productos de África, Asia y América Latina. Elaborados por personas que reciben un estipendio digno. Provenientes de empresas que no arruinan el medio ambiente. Se abastecen de comestibles “orgánicos” cultivados en granjas locales. Los productos son vendidos en tiendas solidarias, en mercados alternativos sin ánimo de lucro. La aspiración de estos ciudadanos es interrelacionarse con millones de pequeñas unidades productivas de todo el planeta. Tratan de convertir en realidad la, hasta ahora, esquiva democracia directa y radical. Esperemos que en nuestro medio muy pronto tengamos la oportunidad de establecer esa relación ética y eficiente del “comercio justo”. Sería empezar a construir desde abajo, con el espíritu humano y solidario del cristianismo primitivo, una nueva concepción de convivencia planetaria.
Nosotros, como caribanos, podríamos intentar consolidar el “Compromiso Caribe” con una mayor integración regional basada en la alternativa del “comercio justo”.
En estas navidades, amigo lector, antes de pagar el producto que tenga ya en sus manos - originado en fabricas contaminantes que explotan a sus trabajadores menores de edad con salarios de hambre- pregúntese: “¿Lo compraría Jesús?”
En la época de mayor jolgorio, nos solidarizamos con todos aquellos que en estos momentos sean víctimas de alguna opresión; agresión física, moral, sicológica; que sufran de alguna enfermedad o la privación injusta e ilegal de la libertad. Los animamos a que resistan.
Al Gobierno y a la guerrillas, les solicitamos que oigan ¡por favor! el clamor general: ¡Acuerdo humanitario y negociaciones de paz, ya!
A todos los amables lectores ¡feliz navidad! ¡Mucha salsa y mucho control!

5 comentarios:

Gilberto Gómez F dijo...

HG. Buenas noches. De atrevido tome la entrada y la publique en mi sitio, claro con los créditos respectivos. Saludos
Gilberto Gómez F
http://bquilla.blogspot.com/2007/12/ms-paz-y-menos-consumo.html

kathy Tam dijo...

Me encanta la forma que tienes de escribir . Este año para niño Dios jajajaja le he pedido por gente como tu para que no cambie esa manera de pensar.
sin mas se despide
kathy

Vicky Verano de Bermúdez dijo...

Apreciado Sr. González Montalvo:
Su escrito en El Heraldo me ha parecido muy bueno. Dice exactamente lo que está pasando en Barranquilla y en el mundo entero. Ojalá sirviera como un granito de arena a muchas personas. Lo felicito.
Atentamente,
Vicky Verano de Bermúdez

Roberto de Jesús Vallejo Jiménez dijo...

Excelente reflexión

2007 ya tiene el sol en la espalda, pesa y quema. Nuevamente la vida nos presenta una oportunidad para cambiar radicalmente. No es un simple cambio de ideas o un cambio superficial, es un cambio total, que afecte todas las dimensiones de nuestra persona. Dar la batalla dentro de nuestras conciencias.Convertirnos en humanos. Soldados de la significación. Esa es la apuesta.

Feliz Navidad

Natalia Rojano dijo...

La idea es que "todos nos comprometamos en el rollo de la educación ciudadana" y dejemos el "cógela suave o el como voy yo ahí" como proyecto de vida. de ahí el valor agregado que le encuentro a tu ar'ticulo, que es el de la religión y la ética. No decaigas en tu empeño de promover la cultura caribana en la región. Felices fiestas ! natalia