viernes, 5 de enero de 2007

Preguntas de fin de año para Colombia, un querido y un extraño país.


El 2006 en Colombia nos deja satisfacciones en múltiples aspectos de la vida. Celebrarlos es la mejor forma de atenuar el impacto de la realidad. De reseñar los logros se encargan los especialistas en cada campo. Pero es también una tarea importante, aunque a veces ingrata, enfrentar con un análisis sereno la perturbadora percepción que se tiene de la vida social. En varias ciencias se pueden encontrar explicaciones del comportamiento de los colombianos. Pero, ¿lo podemos justificar? Varias preguntas nos asaltan. Empecemos con algunas, que el lector sabrá responder.

¿Por qué nos cuesta tanto modernizarnos? ¿Nos queda grande la modernidad?

¿Los comportamientos incivilizados son producto de la ignorancia o de una maldad ilustrada?


¿Es deliberada la difundida confusión entre acuerdo de paz y acuerdo humanitario?


¿Hemos superado la etapa de la jefatura tribal como organización política?

¿La democracia representativa está en crisis? ¿Es conveniente el régimen parlamentario en Colombia?


¿Cuándo se va a hacer el reordenamiento territorial?


¿Es posible que confiemos en el otro? ¿El otro es digno de confianza?


¿Es ingenuo quien cumple la ley?


¿Es posible el progreso económico y social en un país en guerra?


¿Los colombianos somos dados a identificarnos de manera incondicional y cómplice con quien detenta cualquier poder?


¿Quiénes conocen la Constitución del 91? ¿Quiénes la cumplen?


Si a alguien no se le comprueba una responsabilidad legal, ¿le es exigible una responsabilidad ética, una responsabilidad moral, una responsabilidad política?


¿Está siendo efectiva la lucha contra el narcotráfico? ¿Por qué es difícil reconocer que la drogadicción es un problema de salud pública y no de orden público?


Si Colombia es un país que reza y llena iglesias, ¿por qué se delinque tanto y hay tanta impunidad social? ¿Es posible la cero tolerancia con el delito?


¿La nuestra es una cultura que propicia la paz, una cultura que estimula la violencia, una cultura que alimenta la venganza o una cultura que glorifica la guerra?



¿Los ciudadanos somos víctimas o encubridores? ¿Todos fuimos amenazados en los cubículos electorales?


Sí acérrimos enemigos, pueblos en guerra, lograron acordar la paz, ¿por qué nosotros no podemos resolver, mediante diálogos políticos, un conflicto bélico interior?


¿Cuántas muertes y víctimas más se necesitan para detener la guerra, para acordar la paz?


Con tal de conseguir la paz, ¿será posible que la guerrilla disminuya sus pretensiones y el establecimiento ceda algunas prerrogativas?


¿Cuántas riquezas naturales más necesitamos para seguir siendo pobres?


¿Es posible seguir haciendo negocios sin una ética pública?


La pregunta de siempre: ¿quién es más corrupto: el empresario que soborna o el funcionario que se deja sobornar?


¿Es posible la paz social con los actuales índices de miseria?


¿Es justo exigirle conciencia social y elevado pensamiento político a una población que ocupa todo su tiempo en el angustioso rebusque diario?


¿La música en la radio comercial, la farándula, la programación de la TV y, en general, la oferta de espectáculos son el fiel el reflejo de nuestros gustos estéticos?


¿Las artes son un asunto de élites? En la reciente obra de Botero, ¿admiramos la estética de la violencia o rechazamos la fealdad de la violencia?


¿Los jóvenes colombianos que se educan de manera sobresaliente lo hacen para estar mejor preparados para emigrar? ¿El sueño de los colombianos es el sueño americano?


En fin, el lector puede seguir adicionando el cuestionario.

Un feliz 2007. Ojalá sin tantas preguntas.


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1 comentario:

Oscar Mendoza dijo...

Gracias por sus preguntas. Me dejaron pensando en lo ingenuos que a veces somos los colombianos